Ahora comprendo por qué México nunca cortó lazos políticos ni humanos con Cuba.
Ahora entiendo por qué esta tierra del sol fue el amparo tibio de nuestros exiliados en la dictadura.
Ahora comprendo por qué mi amiga de toda la vida se enamoró en México.
Por qué mi madre se emancipó culturalmente en estas tierras y cielos.
Ahora comprendo la riqueza de sus culturas originarias.
El legado político de Benito Juárez y Emilano Zapata.
La violencia torpe y brutal de las conquistas. La cultura del miedo y la culpa impuesta por la religión católica. Las resistencias y luchas de sus pueblos indígenas y mestizos.
Ahora comprendo el tesoro de las mujeres que resguardan la sabiduría ancestral de sus tradiciones, todas, y comprenden el acto sagrado de cada nacimiento.
Ahora comprendo el manjar de sus comidas y bebidas. El arcoiris de sus vestimentas. La alegría de sus danzas y ofrendas.
Su hablar pausado y amable. La generosidad de la escucha. La hospitalidad y el cobijo de sabremos latinos.
El significado de un Mande! De un Órale. De un Chingona. Necia. Chido. Pues si. Y la fuerza de un ándale, para seguir avanzando día a día, “un poco”.
Ahora comprendo el dolor de sus muertes, la corrupción cotidiana. Sus complejidades, contradicciones y decepciones. El sufrimiento de tantas, pero tantas Fridas. Y la revolución del arte como parte de las salidas.
Ahora comprendo sus rebeldías. El voto de confianza hacia un gobierno que por fin comienza a dar signos reales de soberanía y beneficios hacia su gente.
La riqueza de sus paisajes. De sus mares. De sus noches y días.
México es inabarcable. Esencial. Mágico. Mítico. Y sólo comprensible si se lo transita caminando, a corazón abierto. Sin juicio. Con respeto y a puro amor.

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