Compañer@s:
Sólo pa q no olvidemos lo hijoeputa q en el fondo siempre es, la vida dejó que la muerte –su par esquizofrénico, su yo más verdadero– se llevara, hace un rato, a Tomás Barceló Cuesta.
Si como yo, alguno de uds lo conocieron, entenderán en estas líneas mi sentimiento de ahora: impotencia, tristeza, bronca. Pa los otros, pa los q no tuvieron la dicha de pasar un rato con Tomás, sepan q hoy, en Córdoba, ha muerto un tipo dignísimo, de extraño brillo, un maximalista en una era de pigmeos q no reprimía ni su inteligencia ni su candor. Un tipo valiente al que cierta historia personal y cierto exquisito sentido de la ética le impedían tomar el atajo del cinismo. Yo voy a extrañar el azar q de tanto en tanto nos juntaba, su risa, sus conversaciones. La penúltima vez habíamos hablado de fotografiar Valparaíso, de visitar Potosí. Mueren con él la posibilidad de esos viajes. Lo sobrevivimos por estos lados, su compañera Irina, su hijta y numerosos amigos y compañeros. Lo sobreviven en Cuba la mitad de su mundo.
Carajo Tomás, hermano, ¿cómo así? En medio de este frío, tan lejos del sol.
No más. Estoy herido.

hernán t

Mail escrito por Hernán Tejerina, minutos después de enterarse de la partida de Tomás, el 27 de mayo de 2010.
Fotógrafía: Tomás Barceló Cuesta, “El Beso”.

 

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